Los cigarrillos y la máquina de Bonsack

«Cigarrillo: rollo de tabaco que puede ser consumido mediante un proceso de combustión.»

(Art. 3.1 de la Directiva 2011/64 del Parlamento Europeo).

Sin duda la forma más popular de fumar, la que mayores cifras genera en cuanto a ventas y beneficios y la más impugnada a efectos sanitarios desde que se tuvo conocimiento de los perjuicios que puede causar en la salud.

El cigarrillo no es la primera manera de fumar desde que se conoce la planta del tabaco por los europeos, tras la llegada de estos al continente americano a finales del s. XV. En 1535 Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, cronista de “El nuevo mundo”, ya refería la existencia de nativos que fumaban la hoja de tabaco a través de un tubo hueco hecho de caña.

Aunque aún tendrían que pasar tres siglos para que las cajetillas de cigarrillos fueran un hecho, lo cierto es que tras su desarrollo industrial se convirtió en el método más común de consumir tabaco y ha dado pie al progreso de una gigantesca industria a lo largo y ancho de todo el mundo.

La máquina para liar cigarrillos de Bonsack, como se muestra en la patente estadounidense 238.640 (Wikimedia Commons)

Hasta la segunda mitad del s. XIX los cigarrillos se liaban a mano bien a título individual o en fábricas con hasta miles de trabajadores y trabajadoras como era el caso de la compañía de Richmond “Allen & Ginter”, fundada por los empresarios estadounidenses John F. Allen y Lewis Ginter.

Fue a estos últimos quienes en 1875 se les ocurrieron convocar un concurso de ideas para el desarrollo de una máquina de carácter industrial capaz de liar cigarrillos. El premio, dotado con 75.000 dólares de la época, fue a parar por fin a manos del inventor James Albert Bonsack en 1880.

Sin embargo, en un principio la máquina no resultaba del todo satisfactoria para la industria hasta que otro empresario del sector, James Buchanan Duke, adquiriera la patente y tras perfeccionarla comenzó a producir 200 cigarrillos por minuto, revolucionando definitivamente la industria del tabaco.

Poco más tarde y tras absorber a sus competidores, entre ellos Allen & Ginter, Duke fundaría la American Tobacco Company que, durante mucho tiempo, concentró la mayor parte de la industria del tabaco de los EE.UU. llegando a controlar el 90 % del mercado en todas sus fases de producción, fabricación, distribución y venta.

Con el tiempo y después de numerosas controversias la American Tobacco Company acabaría siendo el germen de compañías tan reconocidas mundialmente como BAT, Liggett & Myers y RJ Reynolds.

Por lo que respecta a los filtros de acetato en los cigarrillos estos no se incorporarían hasta las décadas de los 40/50 del pasado siglo XX, cuando se empezó a tener conocimiento de los perjuicios para la salud que representaba el tabaco.

La industria en la actualidad

En 2023 el tamaño de la industria del tabaco se aproximó a los 900.000 millones de dólares, de los cuales 800.000 corresponde a la de los cigarrillos, de los que se consumen anualmente más de 5 billones de unidades. Mientras las compañías más representativas del sector, por volumen de negocio en 2022 fueron:

No obstante la China National Tobacco Corporation (CNTC), el monopolio estatal chino, se considera el mayor productor de cigarrillos del mundo. Apenas si hay datos sobre la misma como suele ocurrir con las empresas del gigante asiático pero sí se sabe que los cigarrillos de CNTC representan, aproximadamente, la mitad de la producción mundial con 2.5 billones de cigarrillos fabricados.

En cuanto al valor de marca, según el análisis de la consultora internacional británica Brand Finance, líder independiente en valoración y estrategia de marcas, en el cuadro siguiente se aprecia cómo se han colado en los últimos años dos nuevas variantes de la industria como son el tabaco calentado (Iqos) y las bolsas de nicotina (Copenhague).

Hoy, la industria tabaquera se encuentra en un claro proceso de renovación. Sobre todo en lo que respecta a los cigarrillos en busca de nuevos productos que resulten menos lesivos para la salud.

Incluso, recientemente, ha sido en España donde se ha empezado a producir tabaco de modo experimental sin nicotina –el elemento adictivo si bien no el más dañino-, mediante modificaciones genéticas.

En cualquier caso es evidente que dado el peso de la industria en el mundo, su extraordinaria capacidad recaudatoria vía impuestos, imprescindibles para las árcas públicas de cualquier estado, y los avances tecnológicos tal como hemos visto, acabará dando lugar a formatos en buena parte inocuos que permitan el sostenimiento de la misma.

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