Las matuteras, una historia del Campo de Gibraltar.

La desaparición de la verja en Gibraltar pone fin de manera definitiva a muchas historias pero en particular a una que ha pasado muy desapercibida, de la que apenas se ha hablado nunca en los medios pero que sí tuvo calado en su tiempo en la cultura popular y no es otra que la de “las matuteras”.

Desde el s. XIX se generalizó en el Campo de Gibraltar y toda su área circundante lo que hoy llamamos contrabando pero por aquel entonces se conocía como “estraperlo”; dado no ya por el mero interés del peculio sino por tratarse de productos de primera necesidad de lo que en España se carecían y que abundaban en la colonia británica.

Es aquí donde surge el fenómeno de “las matuteras”, es decir muchas mujeres que cada mañana –de ahí el sobrenombre-, entraban en la colonia y que a su regreso portaban entre sus ropas una porción de productos inaccesibles, bien por su precio o simplemente porque había una enorme carencia de los mismos para la población circundante.

«Matuteras en la posguerra» (Turismo de Casares, Málaga)

La Guerra Civil significó un repunte aún mayor del fenómeno consecuencia de la represión sobre todas aquellas personas perseguidas por el régimen y que provocaba por tanto la falta de recursos de sus familiares.

La posguerra y el carácter autárquico en cuanto al modelo económico impuesto por la dictadura aumentó aún más las necesidades de la población, de lo que dieron buena muestra las cartillas de racionamiento que perduraron hasta 1952.

En todo ese periodo de tiempo “las matuteras”, alcanzaban hasta la Sierra de Ronda, entre caminos y senderos, esquivando a la Guardia Civil.

Pero cuando eran capturadas por la autoridad, si bien en unos casos la patrulla hacía la vista gorda y en otros podía cobrar una mordida a cambio de dejarlas marchar, en otras ocasiones resultaban víctimas de las vejaciones de los más desaprensivos.

Vestidas de negro, entre sus enaguas, con bolsillos zurcidos de la mejor manera y lo suficientemente grandes pero a la vez capaces de disimular el tabaco, las medicinas y demás artículos hacían su recorrido casi a diario en un ir y venir que perduró durante años y se mantuvo de madres a hijas y nietas.

Las matuteras prácticamente desaparecieron en 1969 cuando el General Franco ordenó el cierre de la verja y el cese de toda relación con la colonia gibraltareña dividiendo familias enteras. Hasta 1982 que se reabrió dando trabajo en la actualidad a 15.000 personas que cruzan cada día una frontera que, recientemente, puede decirse que ha desaparecido en la práctica y va a marcar un antes y un después en las relaciones a uno y otro lado de la misma.

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