
India, a pesar de ser el país más poblado del mundo, según datos de la OMS, ocupa el 2º puesto en cuanto a consumo de tabaco. Probablemente porque en 2018 aprobó una legislación con medidas contra el tabaquismo al estilo de las de los países europeos. No es el caso de China que con sus más de 1.400 millones de habitantes es el primer país productor y consumidor de tabaco del mundo y hace ya algún tiempo que dejó de ser el país con más habitantes del planeta.
Como en otras tantas facetas, la habitual falta de datos procedentes del gigante asiático dado el habitual oscurantismo del régimen, hace que no puedan concretarse debidamente tales cifras pero todos los indicadores apuntan en esa misma dirección.
El tabaco llegó a China en el s. XVI procedente del archipiélago de la actual Filipinas. Sin embargo los cigarrillos no aparecerían hasta finales del s. XIX y fue precisamente el magnate de la industria tabaquera estadounidense James B. Duke, quien tras adquirir los derechos de la primera máquina industrial de fabricación de cigarrillos, vio en el país asiático una oportunidad para expandir sus negocios.
Como quiera de la diversidad geográfica del país –no olvidemos que China es también el 4º país más grande del mundo después de Rusia, Canadá y EE.UU.-, China produce numerosas variedades de tabaco, aunque es la clase Virginia la que ocupa el 70 % de la superficie cultivada, especialmente en las regiones de Hunan, Guizhou, Guangxi y Yunnnan.

El cultivo de la planta del tabaco se realiza en régimen de monopolio por parte del estado y la comercialización de los cigarrillos está en su mayor parte en manos de la empresa pública CNTC, China National Tobacco Corporation. La misma se ha ido expandiendo más allá de las fronteras chinas y tiene presencia actualmente en una veintena de países.
Las cifras pueden resultar mareantes por cuanto el mercado chino representa ya el 47 % de las ventas del sector en todo el mundo (2023) o lo que es lo mismo, casi 2,5 billones de cigarrillos fabricados en solo un año.
Significativo es también el caso de los cigarros Habanos. La emblemática compañía fue vendida en 2021 por Altadis a un grupo inversor chino, Allied Cigar Corporation, por 1.040 millones de euros.
Las consecuencias más conocidas de ello han sido, por una parte, que la nueva propietaria multiplicara exponencialmente los precios de algunas vitolas de sus marcas más reconocidas como Cohiba, Montecristo, Trinidad o Romeo y Julieta entre otras. Y por otra que la acusada demanda en el mercado interior chino y la incapacidad de la industria cubana para producir más cigarros han hecho que su adquisición en países como España se haya convertido en una tarea ardua y difícil.
En lo referente al consumo de cigarrillos, China –salvo un escaso periodo entre 2014 y 2016, cuando el problema del tabaquismo empezó a ser tenido en cuenta por las autoridades-, el consumo de tabaco ha seguido aumentando en el gigante asiático.

Según las fuentes es la proliferación de cigarrillos de formato slim, más cortos y de sabores –como ocurre en Latinoamérica-, los que están priorizando la industria cara a los nuevos consumidores y hace que esta no solo se mantenga sino que incluso crezca por el contrario a como sucede en el resto del mundo.
Por lo que respecta al gobierno chino, a pesar de que el tabaco generó 206.000 millones de dólares de ingresos fiscales solo a través de la CNTC, este va tomando conciencia en los últimos tiempos de sus efectos perjudiciales.
Otra cosa es el arraigado hábito de fumar en la sociedad china, su enorme generación de empleo y la cantidad de recursos públicos que proporciona vía impuestos. Pero esa, es la misma conocida contradicción que se mantiene en todas partes.

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